Tracking de batería

John Bonham en 1975

Actualmente vivimos el boom de la música independiente en todas sus facetas: desde la producción sonora, hasta la venta final; pasando por la promoción del material, el diseño del show en vivo, del arte que acompañará las canciones, la filmación de un video, entre muchísimos otros aspectos que deben cubrirse y en los que en otros tiempos no se involucraban a fondo los músicos.

Eso mismo genera un sinfín de preguntas y de capacidades que deben adquirirse para lograr productos competentes en la industria musical; además de que el presupuesto para una producción independiente es generalmente limitado por lo que hay que buscar más de una forma de sacarle todo el jugo a cada peso invertido.

Este post cubrirá el que suele ser el primer paso para la producción en forma del material sonoro: el tracking o grabación de batería. Esto una vez que el proceso creativo y de exploración ya dio fruto.

El productor

Debe haber alguien encargado de dirigir la producción de cualquier proyecto musical. Si no cuenta con uno, entonces algún integrante deberá fungir como tal; pero ojo: tomará decisiones musicales y técnicas, así que es mejor que sea alguien preparado en esta rama. Además resulta benéfico contar con un oído fresco que no esté “casado” con el sonido previo de un track y que pueda aportar una nueva visión.

El baterista

La selección de un buen intérprete del instrumento es el primer paso en el camino del ahorro de tiempo/dinero. Debe dominar el metrónomo o “clic” y conocer de pe a pa todas las piezas que planeen grabarse. Además, el productor debe saber qué quiere obtener de él para dirigirlo.

Acústica y electrónica

Fuentes sonoras como los instrumentos de línea pueden grabarse en el más sencillo de los home studios: sólo procurar una interfaz de grabación con buen convertidor análogo a digital para que la señal de la guitarra, el bajo, el sintetizador u otro instrumento sea pulcra y de la mejor calidad.

Para grabar la batería es recomendado buscar un entorno acústico tratado profesionalmente, dadas las características del instrumento. La mejor solución es destinar parte del presupuesto a contratar un estudio profesional, ¿por qué? porque además de garantizar acústica cuidada, tendremos acceso al menú de micrófonos de alta calidad y con suerte, también a preamplificadores y ecualizadores que optimizarán la grabación, e incluso facilitarán la tarea de mezcla.

Preproducción, preproducción y más preproducción

Antes de contratar cualquier estudio deben destinarse muchas horas a la fase de preproducción: es ahí cuando se permitirán explorar, cambiar, variar y modificar lo que la creatividad dicte. Hablamos de ensayos dedicados a definir cada ritmo, patrón, redoble, las intenciones, incluso los parches, platillos y tambores que sean idóneos para la composición.

La sesión

Una vez cubiertos estos detalles previos, es hora de entrar a grabar. El productor debe investigar previamente sobre el equipo con que trabajará para tomar la mejor decisión en cuanto a microfonía y gear y trabajar brazo con brazo con el ingeniero encargado del estudio. A estas alturas, ya debió haber decidido en cuántos canales se grabará el instrumento. Los canales tradicionales son:

  • Kick o bombo. Es ideal grabarlo con un par de micrófonos: uno que recoja las frecuencias graves y otro (al interior del tambor) que grabe el golpe del pedal.
  • Snare o tarola. También puede grabarse con dos micrófonos: uno de ellos recogerá el sonido principal de la tarola y otro capturará el sonido del entorchado. Ojo con las inversiones de fase.
  • Hi-hat o contratiempo. Cuidar la contaminación que pueda filtrarse sobre todo de la tarola y quizás del bombo.
  • Toms. Cada uno por separado con atención a la posición del micrófono para capturar el mejor sonido sin saturar de armónicos propios del tambor.
  • Overheads: Recogerán el sonido de los platillos principalmente, pero también darán la imagen estéreo del total de la batería por lo que debe cuidarse la técnica con que decida grabarse.
  • Room: Puede ser también un par estéreo (aunque hay quien sólo usa un micrófono) para dar sensación de espacio y calidez al kit.

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